El tiempo va borrando, como es natural, los recuerdos que teníamos de la Telesita, de aquella niña inocente, mishquila, que se hizo querer por su bondad, por su amabilidad, por su pureza, por su pasión por la danza y su afición a las bebidas que no lograban quitarle su dominio de sí misma ni su agilidad para circular velozamente por los bosques sin ser sentida.
¿Quién fue la Telesita? El 8 de enero de 1907 ‘El Liberal’ la recordó. En aquel tiempo ya tenía categoría de mito. Antes, en 1905, Nicolás Granada en Buenos Aires había publicado un artículo sobre ella, «una santa alegre, vagabunda, amiga del baile y de las aventuras misteriosas. Un ser extraño, mezcla de misticismo, de idiotez y de malicia».