La humita reconoce dos preparaciones en la cocina santiagueña, en chala y a la olla. Ninguna es mejor que la otra, se trata de una cuestión de costumbres, hay quienes la prefieren de una manera y quienes la consumen de la otra.
En lo que sí hay cierto acuerdo es que la humita en chala no lleva zapallo, (anco), mientras que la que hace a la olla sí lo lleva. En Santiago no se acostumbra, como en otros lugares, agregarle azúcar a esta comida. Y últimamente se prefiere agregarle mucho queso, si es tipo parmesano, mejor.






El tamal es quizás una de las pocas comidas cuya receta original venga de los primitivos habitantes de esta tierra, como que su preparación, con las lógicas diferencias de acuerdo a cada región, es típica de América, desde Méjico hasta Tierra del Fuego.
Con la receta de la empanada santiagueña sucede algo similar al resto de las comidas típicas, que al ser tan conocida, todos dirán que le falta un ingrediente o le sobra otro. Se trata de una exquisitez para comer con la mano. Uno de los indicadores para saber que está rica es que sea jugosa, según dicen los entendidos.
En Santiago hay casi tantas recetas para cocinar el cabrito como amas de casa, por lo que presentar una receta siempre es un riesgo. Sin embargo, aquí va una, quizás para iniciar la polémica.
El locro en realidad no es una comida sino un homenaje que la poesía le hace al arte culinario, como bien ha sido dicho por varios autores santiagueños.
La tuna es el postre por excelencia de Santiago del Estero. Puesta detrás del tinajón con agua para que se refresque o en la heladera, tiene uno de los sabores más dulces de la gastronomía local. A la cáscara los campesinos le hacen el “corte chaleco”, mientras en la ciudad prefieren no desperdiciar nada y la pelan como naranja. Se sirve sola o con queso, pero también se hacen preparaciones exquisitas con ella.
Sólo quienes no han probado el fruto del algarrobo ignoran uno de los sabores más característicos de la provincia. Su dulzura hace recordar los resabios del monte, la infancia atardecida y el gusto que en el norte llamamos “algo patalco”.
“Santiagueño soy señores // y no niego mi nación // y en la copa del sombrero // llevo chañar y mistol”, dice la copla popula, dando en el clavo de las dos plantas que más identifican a la provincia en todo el mundo.
La salida para ir al cine o al teatro sigue siendo un clásico en Santiago del Estero, de tal suerte que siempre hay una obra estrenándose, otra que constituye un suceso y otra más en ensayo.